El fútbol tiene esas noches en las que un nombre, hasta entonces secundario, se escribe con letras de oro en los libros de récords. La madrugada del 24 de junio de 2026 en Toronto fue una de esas noches. Croacia, necesitada de una victoria desesperada tras caer ante Inglaterra en su debut, se enfrentaba a Panamá en un partido que olía a final. Y cuando todo parecía atascado, apareció un veterano de 34 años, con la camiseta croacia puesta y el hambre de un novato, para cambiar el destino de su selección y, de paso, grabar su nombre en la historia de los Mundiales. Ese hombre fue Ante Budimir, el suplente que entró al descanso y se convirtió en el héroe inesperado, el artillero más veterano que jamás haya vestido la casaca ajedrezada en una Copa del Mundo.

El contexto: un partido de vida o muerte para los ajedrezados
Croacia llegaba a este segundo encuentro del Grupo L con la soga al cuello. La derrota inicial ante Inglaterra (2-4) había dejado a los balcánicos sin margen de error. Panamá, que volvía a un Mundial 52 años después, se presentaba como el rival teóricamente más asequible, pero también como un hueso duro de roer. Y así lo demostraron los primeros 45 minutos en el Toronto Stadium.
El primer tiempo fue un monólogo estéril de Croacia. Los de Zlatko Dalić dominaron la posesión con un 64%, pero se toparon una y otra vez con un muro panameño bien plantado, que esperaba su oportunidad al contragolpe. De hecho, Panamá estuvo más cerca de abrir el marcador que Croacia: al minuto 23, un cabezazo de José Fajardo se estrelló en el larguero tras una gran intervención de Livaković. La impotencia se reflejaba en los rostros de los jugadores croatas, y el ambiente en el banquillo se tensaba por momentos. Al filo del descanso, el técnico Dalić ya había tomado una decisión que cambiaría el partido.
El cambio decisivo: Budimir entra y la historia cambia
Dalić no esperó ni un minuto del segundo tiempo. En el vestuario, tomó la decisión de mover ficha: retiró a un centrocampista y dio entrada a dos delanteros, Andrej Kramarić y, sobre todo, Ante Budimir. La apuesta era clara: más carne de cañón en el área, más presencia física, más remate. Y el plan funcionó a la perfección.
Apenas cuatro minutos después de su ingreso, en el minuto 54, Budimir se convirtió en el salvador de Croacia. Josip Stanišić, el lateral derecho, encontró un hueco por la banda y levantó un centro perfecto, con rosca y medida, al segundo palo. Allí estaba Budimir, leyendo la jugada como si hubiera ensayado esa combinación mil veces, para empujar el balón a la red con un remate sencillo pero definitivo. Era el 1-0, y era el gol que mantenía con vida a Croacia en el Mundial.
El récord: 34 años, 11 meses y una leyenda superada
Pero aquel tanto no fue un gol cualquiera. Cuando los datos empezaron a circular por las redes sociales y las cabinas de prensa, el impacto fue aún mayor. Budimir había marcado con 34 años y 337 días (según algunas fuentes, 34 años y 336 días). Con esa edad, se convertía en el jugador más longevo en marcar un gol para Croacia en la historia de los Mundiales.
El anterior poseedor del récord era nada menos que Ivica Olić, actual asistente de Dalić en el banquillo croata. Olić había anotado contra Camerún en el Mundial de Brasil 2014 con 34 años y 277 días. Budimir superó esa marca por 60 días, arrebatándole el título a su propio entrenador asistente. La casualidad hace que Olić, desde la banda, haya visto cómo su pupilo le arrebataba un récord que él mantuvo durante 12 años. Un detalle que añade un toque poético a esta historia.
Un héroe con historia: de refugiado a leyenda
Lo más fascinante de Ante Budimir no es solo su gol, sino la vida que hay detrás del futbolista. Budimir nació en Bosnia, pero su familia huyó de la guerra cuando él tenía apenas seis meses. Su padre falleció en un accidente de tráfico poco después de llegar a Croacia, y su madre lo crio sola en un país que no era el suyo. Aquel niño que no recordaba la guerra, pero que al volver a Bosnia de mayor veía las casas agujereadas por los bombardeos, supo que el fútbol sería su refugio.
Budimir se formó en las categorías inferiores del Radnik Velika Gorica, el club de su barrio, a 500 metros de su casa. Pasó por equipos modestos de Croacia, Alemania e Italia antes de encontrar su sitio en el Mallorca, donde logró el ascenso a Primera en 2019 con un gol en la final del playoff. En 2020, Osasuna pagó 8 millones de euros por él, convirtiéndose en el fichaje más caro de la historia del club navarro. Desde entonces, ha marcado 95 goles en LaLiga, superando a Sabino Andonegui como el máximo goleador del club en la máxima categoría.
Pero Budimir no es solo un futbolista. Desde 2019 estudia una carrera de Económicas, animado por sus hermanas mayores. En sus ratos libres, ha llevado al hospital a pacientes de cáncer. Es un hombre de profundidad, de raíces y de lucha. Y esa esencia se reflejó en el césped de Toronto: un veterano que nunca se rindió, que esperó su oportunidad desde el banquillo y que, cuando llegó, la aprovechó como los grandes.
El partido y la clasificación: un triunfo que mantiene vivo el sueño
El gol de Budimir no solo batió un récord; le dio a Croacia tres puntos de oro que la mantienen en la pelea por la clasificación a los dieciseisavos de final. Tras la derrota ante Inglaterra, el equipo de Dalić necesitaba imperiosamente esta victoria para no quedar tocado de muerte. Y aunque el juego no fue brillante —el propio Dalić admitió que no esperaba un partido tan difícil— el resultado es lo que cuenta en una fase de grupos.
Panamá, que plantó cara hasta el final, se despidió del torneo sin haber sumado ningún punto en sus dos participaciones mundiales. Croacia, en cambio, llega con vida a la última jornada, donde se enfrentará a Ghana en Filadelfia con la esperanza de sellar su pase a la siguiente ronda.
El legado de un récord y el homenaje a Modrić
El partido también tuvo otro protagonista de lujo: Luka Modrić, que disputó su partido número 200 con la selección croata. A sus 40 años, el capitán sigue siendo el faro del equipo, el que maneja los tiempos y soporta la presión. Al final del encuentro, sus compañeros le rindieron un emotivo homenaje con camisetas negras que llevaban su rostro y el número 200 en dorado. «Es el mayor héroe del fútbol croata», dijo su compañero Marin Pongračić.
Budimir y Modrić, dos veteranos que suman 74 años entre los dos, fueron los artífices de una victoria que huele a épica. Uno con su gol, el otro con su liderazgo. Y es que, como bien dijo el legendario Davor Šuker, esta Croacia es un equipo que sabe sufrir, que tiene la experiencia grabada en los huesos.
Conclusión: el fútbol siempre da segundas oportunidades
La historia de Ante Budimir es un recordatorio de que el fútbol, como la vida, siempre ofrece segundas oportunidades. Un hombre que huyó de la guerra, que perdió a su padre, que recorrió media Europa buscando un sitio, que estudió una carrera mientras jugaba, que esperó en el banquillo hasta los 34 años para ser héroe de su país. Ese es el verdadero valor de este récord: no es solo un número, es la historia de una vida de perseverancia.
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